Valentina y JD

1

Había empezado a escribir acerca de la boda de mi hija, pero al otro día de haber escrito algo así como una primera parte, no me gustó la forma narrativa.

El nombre del esposo de Valentina, mi yerno, es John Dean Ferrari Giannini. Tiene tres nombres (su apellido es Giannini), y todo el mundo lo llama JD.

JD nos pidió la mano de Valentina en nuestra casa antes de él hacerle la propuesta de matrimonio a ella. Totalmente inesperado para nosotros. No tenemos conocimiento de que esa tradición continuara hoy en día, y sobre todo en personas por fuera de la cultura latina. JD lloró cuando nos pidió nuestro consentimiento.

Un poco más adelante, JD le propuso matrimonio a mi hija un día en una caminata que hicieron por ahí.

En ese momento comenzó la cuenta regresiva para el evento.

La boda de Valentina y JD realmente no fue una simple boda.
La boda seria en un viñedo muy bonito que queda cerca de donde ellos (y nosotros) vivimos.

El asunto comenzó el día anterior a la boda, con un ensayo, que se trataba simplemente de recrear el orden del día.

JD tenía a toda su familia acá, obviamente. Para Valentina fue muy importante que todos los familiares de ella que pudieran estar presentes asistieran. Finalmente hubo una representación significativa de las familias de Valen: Por el lado de su mamá tuvo a su abuelita Fanny, quien había venido en febrero precisamente para poder estar en la boda, y también lograron realizar el viaje su tía Loren con su esposo Juan Carlos.

Por mi lado tuvimos la oportunidad de traer de Pereira a mi tía Gloria (hermana de mi papá), quien terminó siendo la única representante del apellido Echeverry; mi tía Esperanza vino también de Colombia; su hija, mi hermanita de diferente mamá, Paula, quien vino con su esposo Andrés desde Atlanta. También nos agració con su presencia mi tía Norma con su esposo, mi también tío Alberto, quienes vinieron de Nueva Jersey, y completó el grupo familiar mi prima Tata con su esposo Álvaro, conocidos como ‘Los Cachorros’, quienes también vinieron desde Atlanta.

Era quizás de esperarse que familia y amigos cercanos estarían presentes, y no siento realmente más tibieza en mi corazón por ninguna persona en particular. Sin embargo, fue realmente muy bonito haber tenido con nosotros a mi tía Gloria, que resultó siendo la única representante del lado de mi familia paterna, como también fue muy especial haber tenido a mi tía Norma, del lado de mi familia materna, con su esposo Alberto. Alberto y Norma vivían en Nueva Jersey, y cuando nació Valentina nos dijeron que nos fuéramos para su casa para ellos cuidar a Sammy y a la niña recién nacida.

Quizás el motivo por el que resalto a estas tres personas es porque realmente no es común que Sammy y yo nos veamos con ellos con ninguna frecuencia. Sin embargo, en el momento en que nos vimos fue como si nos hubiéramos visto el día anterior. Tal es el volumen de amor que sentimos mutuamente, que el tiempo y la distancia pasaron por ahí como a un octavo plano.

No éramos todos, pero pues la logística era complicada para las otras personas de la familia que viven en los Estados Unidos, y los de Colombia, pues ni se diga.

2.

Sammy y yo sabíamos con algunas semanas de anticipación las personas que vendrían, de modo que nos pusimos en la tarea de preparar el itinerario día por día de lo que iríamos a hacer con ellos.

Fue un itinerario un poco complejo en el sentido en que no todos llegarían y se regresarían al mismo tiempo, entonces aparte de crear una lista de cosas para hacer, también pusimos como prioridades para tratar de aprovechar al máximo el tiempo que la mayoría estarían con nosotros.

Creo que resalta el día que comenzamos en una parte de Sacramento, que es la capital del estado de California (hay muy poquito para hacer allá…), que fuimos a una zona que se llama ‘Sacramento Viejo’, donde esta el comienzo de lo que fue la primera carrilera de tren que casi atravesaba los estados unidos por allá en 1863. Ese día empatamos con un paseo a la ciudad de San Francisco, como a hora y media de Sacramento, donde montamos un par de veces en los robo-taxis de San Francisco.

Esa experiencia siempre es genial con gente para quienes esa vaina de montarse a un carro, y que el carro vaya sin nadie en la silla del conductor, y de todos modos anda por la ciudad con tráfico, peatones, semáforos…

Terminamos ese día visitando a la prima de Sammy, Diana, quien nos atendió un poquito mejor de lo que yo esperaba.

Fue un día de contraste de la experiencia histórica del ferrocarril a la experiencia ultramoderna del robo-taxi.

Mi concuñado, Juan Carlos Noreña, es un ávido naturista, enfocado principalmente en mariposas y también en avistamiento de aves. No es una afición a observar aves lo que Juancho tiene, sino una entrega que borda en obsesión depende la perspectiva.

Me había dicho antes de venir que seria un sueño para el poder ver un águila calva, el ave con plumas blancas en su cabeza que es el ave símbolo de los Estados Unidos.

A mí también me mataría poder ver un ave de esas. Solo un par de veces he tenido la oportunidad de verlas en un par de lagos, pero de muy lejos y sin tiempo para tratar de verlas mejor.

Encontré que hay un nido de esas aves como a una hora de Los Angeles, que es protegido y que tiene cámaras las 24 horas del día. Mi plan inicial era ir a ese sitio y probar suerte a ver si lográbamos ver un águila cerca al nido, porque el nido en si no tiene acceso al público, es protegido por quienes pusieron la cámara.

Da la coincidencia gigante que cuando estuvimos en lo del ferrocarril antiguo en Sacramento, Sammy notó al pasar por un almacén que tenía un televisor afuera, que lo que estaban transmitiendo en esa pantalla era coincidencialmente un nido de águilas calvas en otro sitio. Sammy me mostró eso, yo anoté el nombre del sitio y la cosa quedó así.

En la casa investigué y encontré que ese nido estaba como a 40 minutos de mi casa, y que era bastante fácil ir y ver a las águilas.

Esto dio para dos cosas: Una, el paseo que teníamos planeado para Los Angeles con Loren y Juan Carlos lo pudimos hacer sin usar un día entero para ir al otro nido que había visto primero, y la otra fue que al otro día fuimos al sitio que Sammy había visto en ese televisor. Tan pronto como me bajé del carro y caminé un poquito pude ver un águila perchada en una rama de un árbol que estaba ahí, al frente de nosotros.

Foto tomada con mi celular

La reacción de Juancho al ver lo que tenía al frente fue genial. Me explicó después que realmente era su meta para este viaje, pero que la consideraba de muy bajas probabilidades.

Bueno, la boda, la boda…

3.

El día antes de la boda fue el ensayo en la mañana, al cual solo iban los padres de la pareja y las personas que participarían de la boda en si (las damas de honor y los padrinos de boda – no se me ha hecho fácil encontrar la expresión en español de cómo llamar a los hombres de la corte de boda que acompañan al novio)

El plan para ese día era vernos después del ensayo en la casa donde viven Valen y JD, que es también un viñedo. Acá explico un poco el significado de esa palabra. La definición del diccionario es que un ‘viñedo’ es un sitio donde se cultivan uvas, que es lo que en la casa de JD y Valen hacen. Resulta que también es común llamarles así a sitios donde producen el vino acá en California, aunque técnicamente no es del todo correcto. Para nombrar un sitio en el que se hace vino, la palabra correcta en español es ‘vinería’. En ingles también existen dos palabras: Vineyard, que es un viñedo, y Winery, que es una vinería. Lo que pasa es que la mayoría de los sitios por acá donde hacen vino, tienen también sus cultivos de uva, entonces a casi todos les dicen ‘Vineyard’.

Bueno, larguito el paréntesis de lenguaje. La fiesta del viernes en la tarde:

Es posible que en esa fiesta hubieran asistido unas 150 personas. La fiesta en si fue un regalo de parte de los suegros de Valen, y nosotros tuvimos la oportunidad de participar con el grupo musical que llevamos, que son una pareja de amigos de nosotros, él es colombiano y ella es de California, y cantan de todo y muy chévere. Se llaman Individúo (así, con tilde en la U).

La fiesta estuvo realmente genial. Mis amigos de Individúo tocan de todo, pero tienen un sabor latino bastante definido. Al comienzo llevaban como tres canciones y yo noté que la gente no se animaba a bailar, a entrar en modo festivo.

Busqué la manera de hablar en el micrófono para tratar de motivar a todos para que se enrumbaran. El asunto funcionó. Quizás de modo natural, los primeros en acercarse a bailar fueron personas latinas, pero no tomó mucho tiempo que los “extranjeros” también sintieran el empuje de la música que mis amigos tocaban, y en un momento dado creo haber visto a todo el mundo en esa fiesta bailando.

Quiero mencionar acá un par de detalles:

Por un lado, una cerveza en particular.

Resulta que la cervecería artesanal de mayor reputación en el estado de California, que se llama Russian River, hace una cerveza cada año que se llama Pliny the Younger, y solo la venden en febrero en negocios clientes de ellos, pero en barril, y las filas son impresionantes para poder comprar un vasito no más; y en el mes de abril la venden en botella en los dos locales de ellos que quedan como a dos horas de mi casa.

No es una cuestión de que en abril uno puede ir allá y comprar las botellas de esa cerveza que uno quiera, no. Hay que madrugar y hacer fila, que con suerte es de menos de hora y media. Cuando uno se acerca a la puerta le ponen una manilla. Esa manilla viene con tres desprendibles: Dos de ellos son para comprar dos vasos de cerveza, y el tercer desprendible le permite a uno comprar tres botellas.

En mi casa estábamos Sammy, mi mamá, doña Fanny y yo, entonces hice el plan de ir a esa cervecería de un día para otro y hacer la fila unas cuatro veces. La matemática era sencilla: Cuatro personas, tres botellas por persona, doce botellas por cada fila hecha. Yo creía que podríamos hacer la fila cuatro veces en dos días, para un total de 48 botellas de esa cerveza super exclusiva.

Fuimos, pasamos la noche en ese pueblo, pero terminamos haciendo la cola tres veces, y no por no haber tenido tiempo para hacerla por cuarta vez, sino que ya sentía yo el agotamiento grupal por lo que estábamos haciendo, y mi bolsillo también se estaba empezando a quejar.

36 botellas de esa cerveza. David la conoce muy bien y me pidió el favor de que le tomara una foto a todas esas botellas juntas, porque un par de amigos de él, que saben de la exclusividad de esta cerveza, no le creían.

El asunto es que yo quería tener de estas cervezas para la fiesta del día anterior de la boda de mi hija. Luego tuve algo de dificultad para planear como las iba a repartir, cosa que a final de cuentas no importó, pues como nadie conocía esas cervezas, pues nada más los amigos cercanos que había, y David y yo nos tomamos algunas. De hecho, me sobraron muchas. Esta es la hora que me quedan como cinco en la nevera.

Esa cerveza es de pronto la que yo encuentro más fácil de tomar, entre las cervezas de sabor fuerte que a mi me gustan, pero tiene una cosa muy negativa: El contenido de alcohol de esta cerveza es del 10%. Eso significa que una cerveza de esas es como para tomársela uno por ahí en hora y media. Ah, pero es que sabe tan rico!

El otro asunto que quiero mencionar, en este pequeño aparte de mi narración, es que una boda es algo que, aunque uno quisiera tener absolutamente a todas las personas que uno conoce, pues la vaina cuesta (No me costó a mí, nada mas esta es la base de lo que quiero comentar en este aparte). Ese es el motivo básico de que aparte de la familia inmediata y los amigos más cercanos, se debe de tener algún criterio para hacer la lista de invitados.

En ese sentido Valentina me dijo a mi muy tempranamente que tenía intención de poner en la primera lista de invitados a nuestros amigos de San Jose. “La primera lista de invitados” eran las personas por fuera de la familia que los novios querían que estuvieran ese día.

Recuerdo que cuando les empezaron a llegar las tarjetas de invitación, uno de mis amigos, Alejandro Vásquez, hizo un comentario acerca de la exclusividad de esa invitación.

No fueron los únicos invitados, obviamente, pero fue muy bonito que mi hija hubiera tomado esa iniciativa sin Sammy o yo haberle dicho nada. De hecho, nosotros dos nunca tuvimos realmente como influencia para la lista de invitados.

La fiesta estuvo genial de pe a pa, a pesar de un lunar muy personal mío en cuanto a un comentario que hice en un momento dado a una persona acerca de otra persona que estaba allí. Fue algo así como por ejemplo yo describirle un amigo a otro con un solo detalle de su vida, tras yo conocerlo por demasiados años, pero lo que escogí no fue una cuestión muy chévere del amigo al que estaba describiendo. Obviamente yo lo hice de una manera natural, no vi en ese instante que podría tener de malo ese comentario. Afortunadamente unos momentos después el amigo que yo estaba describiendo me llamó aparte y me dijo que no se había sentido bien con la manera en que yo lo había descrito.

Por supuesto que me disculpé, y sentí fortuna de que la cercanía que tenemos es tal que mi amigo no se tragó lo que sintió y me lo dijo de una. Bache parchado y la fiesta continuó de la mejor manera.

4.

La manera en que planearon la boda Valen y JD me dejó boquiabierto. Es que fue una gama que iba desde la elegancia de todo el mundo, el protocolo normal de una boda (los discursos, los brindis, los bailes, la boda en sí), hasta un puesto de perros colombianos que mi hija pensó en tener para la fase final de la fiesta, sin olvidar un pequeño detalle, que fue el vino. El vino en las mesas durante la cena era vino hecho con las uvas de la casa de JD y Valen, o sea, vino totalmente de ellos. También diseñaron las etiquetas para las botellas enfocándose en el evento del día. En mi opinión este detalle de las sobresaltó la boda de una manera muy especial y bonita.

El momento preciso en que la boda comenzó para mí fue cuando estaba en un cuarto con Valentina, esperando nuestro turno para salir hacia el altar. Este fue sin dudas uno de mis tres momentos favoritos de este día.

En ese cuarto tuvimos una conversación en la que le di un par de consejos para la vida que estaba a minutos de comenzar. me sorprendió muchísimo lo difícil que se me hizo construir frases, hablar sin parar. Hubo tormenta de emoción en aquel momento, pero pocas veces se ha hecho tan vívida, tan sólida, tan real, la cercanía que he gozado toda la vida con mi hija.

Finalmente salimos a caminar hacia el altar. Todo el mundo de pie. Yo me propuse caminar teniendo mi mirada fija en la cara de JD, quien estaba al final esperándonos. Pensé que si miraba a la gente, de pronto no iba a terminar el recorrido sin ponerme a llorar.

Al llegar al altar ocurrió lo que se convirtió en mi segundo momento favorito de la noche:

Fue el breve momento cuando puse la mano de mi hija en la mano de JD. Le dije “JD, te entrego a mi hija. Protégela y hazla feliz”. Nos abrazamos envueltos en una emoción indescriptible. Seguidamente abracé a Valen, que también tenía lágrimas, y me fui a mi puesto en primera fila, al lado de Sammy. No había yo notado que David, quien estaba cerca de JD con los demás muchachos de la corte de la boda, había llorado un poco en estos momentos tempranos de la boda.

En ese preciso instante salió a la superficie de mi alma el sentimiento final y central del día que entregué a mi hijita en matrimonio: Misión Cumplida.

5.

Mi hija trabaja hace varios años en una empresa de construcción. Fue allí donde conoció a su ahora esposo, JD.

La persona que ofició la ceremonia es una compañera de ellos con quien yo he tenido el gusto de tratar en el pasado. Fue muy bacano como hizo las palabras de introducción a la boda, usando analogías del matrimonio con la dinámica de una empresa de construcción, como la de ellos. Dijo, por ejemplo, que así como en una obra es fundamental los cimientos, también son importantes las bases de las personas en un matrimonio, y que lo que ella veía en Valentina y JD, en cuanto a sus bases familiares, le hacía pensar que esta obra iba a quedar muy bien construida.

Al terminar la ceremonia, fuimos todos para donde estaba preparada la cena. Era un sitio al aire libre, protegido por una carpa gigante. Lo primero fueron los discursos. Comenzó el papá de JD, John, y continuó Melissa, la dama de honor, hija de Pulga e hija adoptiva de Sammy y yo. El discurso de Meli fue espectacular de principio a fin. El centro de sus palabras era que Valentina y ella eran hermanas nacidas de diferentes madres. La introducción de las palabras de Meli me cogió por sorpresa, pues empezó diciendo que la mamá de Valentina había sido novia de su papá cuando ellos fueron niños.

Mirando para atrás, uno de los pocos detalles que cambiaría si pudiera revivir aquel día, sería el comienzo de mis palabras. Hubiera mencionado lo que Meli había dicho, y le diría a la audiencia que hoy en día el papa de Meli (Pulga) es mi mejor amigo, y lo ha sido por muchos años.

Mi discurso lo había preparado con bastante tiempo de anticipación. Una de las prioridades en este sentido, por parte de Valentina, era que no fuera a demorarme demasiado tiempo. Había medido que me iba a tomar 18 minutos leyéndolo en Ingles y después en español. Terminé tomándome 27 minutos, y hubo problemas técnicos con el micrófono, justo cuando me toco a mí.

Realmente no fue difícil escribir mi discurso. Lo difícil fue dar con la idea base para comenzarlo, pero pues eventualmente se me dio con unas semanas de anticipación a la boda. La idea base fue el recuerdo que tengo de cuando Valentina era un bebe y vivíamos en Nueva York, y con alguna frecuencia ella no conciliaba el sueño si no era yo el que la cargaba. Sammy intentaba hacerlo antes que yo, pero la niña seguía llorando. Solo se calmaba cuando yo me levantaba y se la recibía a Sammy.

Esa memoria fue la base de mi discurso. Comencé contando ese recuerdo, y dije que bien pudo haber sido la expresión original de aptitud mental de mi hija, pues era como si ella pensara que la mujer en la cama tenía que descansar, pues era ella quien más la cuidaba todos los días.

Mencioné también a las amigas de Valen de colegio que estaban presentes, también a su mejor amiga, Melissa que era su dama de honor y es hija de mi mejor amigo, Pulga, y a la amiguita más antigua de mi hija, que es Tati Hoyos, la hija de mis amigos Alex y Lina. La mención que les hice fue de agradecimiento por la confianza que nos han dado a Sammy y a mi desde que eran preadolescentes y que todas ellas se sienten como ‘de la casa’.

No todo fue perfecto, pues la madre naturaleza se pronunció y mandó una lluvia medio fuerte en el momento de la comida, y por ese motivo algunas personas se mojaron un poquito. Desafortunadamente algunas personas de la familia estuvieron en ese grupo. Sin embargo, la lluvia no demoró mucho que digamos y la noche continuó de muy buena manera.

Escampó. Cerca de terminar la cena, la mama de JD lo sacó a bailar, parte del protocolo preparado para el evento. Cuando ellos terminaron su canción, salimos Valen y yo a bailar una canción que habíamos escogido juntos, y que nuestro único ensayo fue el día anterior, nada más poniéndonos de acuerdo de para qué lado íbamos a empezar el paso. La canción que escogimos fue Sweet Child O’Mine, la de Guns and Roses, pero una versión cover de una pareja de hermanos de Bogotá, cuyo grupo lo llaman Mojito Lite. Esta versión de esa canción está sobre una base de son cubano, cosa que nos pareció ideal para ese día, pues había mitad y mitad de culturas americanas y latinas, entre todos los invitados. Todo el mundo conoce esa canción, y al sonar el ritmo de son cubano, el sabor latino en nuestra sangre se hace sentir.

Después de esto comenzó la fiesta en sí. Me pareció muy bueno el DJ que contrataron, pues puso música muy variada, y en ningún momento vi la zona de baile vacía.

Tuve hasta la oportunidad de bailar con mi consuegro, creo que una canción de reguetón…

Un día absolutamente genial e inolvidable, sin lugar a dudas. Es muy difícil ser un hombre más afortunado de lo que soy.